martes, 23 de febrero de 2010

REUNIÓN FAMILIAR.

Quise cambiar de nombre, al menos hoy, para referirme a la actividad que se realizó en la casa del compañero Rotario, Arnulfo Castillo, a quien María Isabel y mi persona expresamos tanto a él como al equipo que lo acompañó, nuestros cordiales agradecimientos por la acogida que nos brindaron el pasado miércoles 17 de febrero en su casa.

Se caracterizó por una degustación mezcla de bebidas escocesas, chilena, comida internacional y grandes manifestaciones de simpatía, amistad y atenciones nacionales.

Ahora que me ha dado por revolver parte de los archivos personales sobre el rotarismo y que vienen conmemoraciones de índole histórica, pienso que de este tipo de eventos, sin animo de recargar a nuestra excelente secretaria, si es del caso y algo especial se produce, deberíamos dejar alguna constancia para el futuro para así completar la historia del Club Bucaramanga Sotomayor. Perdón, es sólo una sugerencia y en el caso que así se decidiera, de los diferentes grupos puede resultar algún espontáneo como el que esto escribe, que haga la respectiva anotación.

Me pareció interesante que asistimos no solo rotarios activos sino past-rotarios, para seguir familiarizándonos con la terminología que se usa en el rotarismo y además, que aunque no se programó, parte de la reunión versó sobre la historia del Club, pues todos éramos past-presidentes, quizá un poco desmemoriados; el único,electo, era Hermes Gómez y Sixta Tulia, próxima candidata.

No pudimos responder a todas las inquietudes como: cual fue la primera mujer rotaria en nuestro Club; se barajaron algunos nombres que se recordaron más por lo físico, pero no se llegó a ninguna conclusión certera.

Por su parte Eduardo Rueda, con lujo de detalles nos recordó como en el pueblo de Duarte, California, fue donde se inició la “revolución de géneros” pues el femenino con toda razón reclamaba su espacio en esta organización; hasta entonces si alguna dama manifestaba su interés en pertenecer al rotarismo, la única solución era casarse con un rotario. Era evidente que en la mayoría de los Clubes había cierta resistencia aunque después algunos socios como Alfonso Marín diesen calurosa bienvenida a las damas.

Hoy día, después de casi 23 años de su ingreso-1987-1788, reconocemos que su presencia era un aliciente que hacía falta; yo diría que era el toque mágico que todo lo transforma y que trae consigo su presencia, lo que en realidad nos hacia falta. Así que fue preciso que transcurriera casi un siglo para que a la fuerza se modificara la mentalidad de las directivas del rotarismo.

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